Pedro y María eran jóvenes, ella morena esbelta y guapa; el guapo, trabajador, y una persona en quien se podía confiar. Se conocieron en el barrio. Se enamoraron y cuatro o cinco años más tarde se casaron. Transcurridos unos dos años, tuvieron a su hijo, Pablo.
Pedro, trabajaba en una empresa importante y se ganaba bien la vida. Ella también trabajaba y entre los dos llevaban a casa un buen dinero. Eran felices, sólo había que mirarlos para verlo. Un día, se compraron un buen pedazo de terreno en un lugar que les encantó. Una constructora, les hizo una casita preciosa a la que se trasladaban ilusionados todos los fines de semana y siempre que se les presentaba la ocasión. Aunque por esta causa, ya no tenían mucho tiempo para verse con los amigos, hacer excursiones, organizar encuentros, etc.
Ahora tenían que cuidar de su casa. Plantaron algunos frutales que había que regar cuando no llovía lo suficiente. Las maderas del amplio porche se deterioraban con los cambios de temperatura y de las estaciones, y eso suponía que había que trabajar para barnizarlas casi cada año. El cuidado de ventanas, fachada y limpieza en
general ocupaba un amplio capítulo. Pensaron que les faltaba una piscina para que su dicha fuera completa y se pusieron manos a la obra. Aunque se gastaban todo su dinero en la casa y nunca volvieron a tener unos días de vacaciones, ellos estaban encantados. Siguieron plantado rosales y ampliando el jardín, haciendo más habitaciones, un garaje más grande y muchas cosas más, pensando en un mañana dónde las disfrutarían todas.
Un día, sus vidas dieron un giro inesperado: la empresa de Pedro cerró, la sucursal en la que él trabajaba y trasladó a sus trabajadores a otra, situada en un lugar lejano. Él no podía dejar su puesto fijo, en el que llevaba bastante tiempo. Tubo que trasladarse. Vendieron su piso y su casa, y se marcharon dejando atrás todas las ilusiones y trabajos.
Cuando se fueron, no habían dedicado mucho tiempo a recorrer todos los senderos. No habían podido dedicar tiempo suficiente ha escuchar el silencio del lugar, (al que se llega tras un largo recorrido por pistas de tierra). Un lugar alejado de las carreteras asfaltadas y los núcleos de población, en el que sólo se escucha el canto de los pájaros. Creo que no disfrutaron mucho el fuerte olor a pino y romero que lo perfuma todo. No tuvieron tiempo para contemplar los lirios salvajes, las vistosas jaras floridas, los tomillares y los brezos. Yo no se si contemplaron las suficientes puestas de sol desde el porche colgado de la ladera de la montaña …
Poco después de marcharse, una mañana, Pedro murió en un desgraciado accidente de coche. María, destrozada por el dolor, se hundió en su luto del que no pudo o no quiso salir. La vida se les truncó arrebatándoles todas sus ilusiones mientras planeaban más y más cosas para un mañana que nunca llegó para ellos.
Cuantos esfuerzos, trabajos y zozobras llenan nuestras vidas mientras corremos persiguiendo objetivos materiales para mañana. Mañana Sólo es hoy. Si perdemos el hoy, nunca disfrutaremos de las cosas que ya tenemos que sólo en el hoy pueden ser vividas.