El gato blanco
19 març 2013Nora tenía un precioso gatito blanco. Tenía también una simpática tortuga, pero la tortuga dormía durante los meses en invierno. El gato siempre tenía ganas de jugar. Un día que Nora jugaba en su jardín con el gato, le dijo; -quiero jugar contigo a las cometas, yo te ato una cuerda a la cola y cuando haga aire me pongo a correr y tu puedes volar; será muy divertido. (Todo era de mentira claro, todo era un juego)
El gato sonrió y dijo; – no quiero que me ates la cola, yo soy un gato libre, los gatos somos libres, siempre lo hemos sido y siempre lo seremos. Además los gatos no volamos ni de cometas ni de ninguna de otra forma. Nunca ha existido un gato que vuele, ni va a existir jamás.
Los gatos hacemos muchas otras cosas muy divertidas. Corremos, saltamos, nos tiramos por el suelo…
Perseguimos ratones, acechamos; pájaros y cuando menos se lo esperan, les damos el susto de su vida y nos reímos mucho.
Otra cosa que nos gusta mucho hacer, es dormirnos en la falda de nuestros amos mientras ronroneamos totalmente relajados.
A mí la cosa que más me gusta es trepar a los árboles. Me pongo a subir, a subir, subir… hasta que se me acaba el árbol. Entonces me acuerdo de que tengo que bajar; y eso es terrible porque bajar me da mucho miedo.
Entonces me pongo a maullar como un loco hasta que viene alguien a bajarme.
Pero un día no había nadie en casa y yo tenía mucha hambre y me tuve que bajar solo. No me quiero ni acordar de lo mal que lo pasé.
A pesar de todo, me gusta tanto subir que no me extrañaría nada que cualquier día me vuelva a pasar otra vez, porque subirme a los árboles es para mí una aventura fascinante. El día menos pensado lo repito y después que pase lo que tenga que pasar…
El papá de Nora se asomó al jardín para decirle que la mesa estaba puesta y que su mamá había dicho que se lavara las manos para comer.
Nora y su gato dejarán el juego para comer. volverían a jugar en otro momento.
Lo habían pasado estupendamente.






































