Random Post: la vida en el pueblo
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    El gato blanco

    19 març 2013

    (Cuentos para Nora)

    Nora tenía un precioso gatito blanco. Tenía también una simpática tortuga, pero la tortuga dormía durante los meses en invierno. El gato siempre tenía ganas de jugar. Un día que Nora jugaba en su jardín con el gato, le dijo; -quiero jugar contigo a las cometas, yo te ato una cuerda a la cola y cuando haga aire me pongo a correr y tu puedes volar; será muy divertido. (Todo era de mentira claro, todo era un juego)

    El gato sonrió y dijo; – no quiero que me ates la cola, yo soy un gato libre, los gatos somos libres, siempre lo hemos sido y  siempre lo seremos. Además los gatos no volamos ni de cometas ni de ninguna de otra forma. Nunca ha existido un gato que vuele, ni  va a existir jamás.

    Los gatos hacemos muchas otras cosas muy divertidas. Corremos, saltamos, nos tiramos por el suelo…

    Perseguimos ratones, acechamos; pájaros y cuando menos se lo esperan, les damos el susto de su vida y nos reímos mucho.

     Otra cosa que nos gusta mucho hacer, es dormirnos en la falda de nuestros amos mientras ronroneamos totalmente relajados.

    A mí la  cosa que más me  gusta es trepar a los árboles. Me pongo a subir, a subir, subir… hasta que se me  acaba el árbol. Entonces me acuerdo de que tengo que bajar; y eso es terrible porque bajar me da mucho miedo.

    Entonces me pongo a maullar como un loco hasta que viene alguien a bajarme.

    Pero un día no había nadie en casa y yo tenía mucha hambre y me tuve que bajar solo. No me quiero ni acordar de lo mal que lo pasé.

    A pesar de todo, me gusta tanto subir que no me extrañaría nada que cualquier día me vuelva a pasar otra vez, porque subirme a los árboles  es para mí una aventura fascinante. El día menos pensado lo repito y después que pase lo que tenga que pasar…

    El papá de Nora se asomó al jardín para decirle que la mesa estaba puesta y que su mamá había dicho que se lavara las manos para comer.

    Nora y su gato dejarán el juego para comer.  volverían a jugar en otro momento.

     Lo habían pasado estupendamente.


    Me cuenta Julia

    29 octubre 2012
    …Me cuenta Julia, que ya no corre el agua por las cunetas de la carretera, como lo hacía en las primaveras de nuestra infancia. Aunque llueva, los manantiales no  todos tienen agua durante todo el año como ocurría en aquellos tiempos. Muchos de los pequeños se han secado, y los más grandes han sufrido una tremenda merma.
    “En los campos han quitado los linderos, y han allanado los ribazos. (En ellos, entre sus hierbas y arbustos, anidaban gran cantidad de aves muchas de ellas insectívoras; además de  gran cantidad de pequeños reptiles). Todos estos pequeños animales tenían su labor. Regulaban la cantidad de insectos necesarios para el buen equilibrio natural. Ahora se usan muchos pesticidas para el control de las plagas. Como todos sabemos; estos pesticidas contaminan la tierra y se filtran al subsuelo llegando a los manantiales, y por tanto al final a los seres vivos entre lo que nos contamos nosotros

    Ahora los campos alisados (sin los estorbos de los linderos) permiten a los tractores hacer en pocas horas el trabajo que a los hombres les llevaba varios días hacer.

    Ya no es posible ver aquellas alfombras multicolores de flores, al principio de la primavera. Me han dicho que los herbicidas han terminado con ellas (excepto en los lugares dónde el terreno no es aprovechable)

    Los chalets han salpicado en gran número los más bellos lugares. Todos tienen piscina y jardín  para los cuales utilizan el agua que extraen de pozos ilegales que sangran las corrientes de agua subterránea de la que se alimentan muchas fuentes y  los manantiales. Por esta razón y porque cada vez llueve menos Todo es “como el pez que se muerde la cola”.

    Pero no está bien ponerte triste de esta manera; por eso también quiero contarte que la vida con toda su belleza aún se empeña en seguir a delante a pesar de todas la agresiones que recibe. Aún puede oírse el canto del ruiseñor, y de otras aves.

    Que el aire sigue siendo transparente y los colores vivísimos y limpios. Que mirar por la noche al cielo sigue siendo un espectáculo que nos asombra…  Que nuestras montañas siguen siendo realmente hermosas.


    Puntos de vista muy distantes

    30 setembre 2012


    (Conversación en la sala de espera)

    Mientras esperaban su turno para entrar a la consulta del médico dos mujeres hablaban. Una de ellas era una mujer mayor, posiblemente jubilada o cercana a la jubilación. La otra mujer era todavía joven.

    -Tengo problemas en la cadera derecha,   me duele bastante- Dijo la mujer de más edad -Hoy además me ha tocado subir todos los escalones de la estación a pie porque el ascensor estaba de nuevo en reparación. Otra vez habían roto el cristal de la puerta. Esos cristales son carísimos y la mano de obra también lo es. Ya he perdido la cuenta de las veces que lo han roto. Se necesita mucha fuerza y mucho trabajo para romperlo pero le ponen empeño.

     –Ya me he dado cuenta –Dijo la mujer más joven – Además no puede uno apoyarse en las paredes, los botones hay  que tocarlos con un pañuelo de papel,  pues como usted habrá visto, escupen en ellos, lo llenan todo; de pintalabios y de todas las porquerías que se les antoja. También las paredes las ensucian. Si uno se descuida se pone la ropa hecha un asco.

    - No hay derecho a que hagan estas cosas. No hay derecho a que destrocen todo lo que les apetezca por puro capricho;   a que no haya quien le ponga remedio- comentó la mujer mayor – No es bueno para los jóvenes que se les permita todo, no es bueno para ellos ni para nadie. En mi opinión deberían pagarlo de alguna  manera. Por ejemplo, haciendo trabajos para la comunidad, por el importe de su destrozo. O tal vez deberían pagarlo sus padres y esta sería otra manera de que se tomara conciencia del daño que causan. Creo que de esta manera no les quedarían ganas de volverlo a hacer.

    -La mujer joven, pareció un poco espantada; dijo que había que comprender que los jóvenes hacen gamberradas, que eso ha pasado siempre, que todos hemos sido jóvenes… Que cuando los fines de semana se van de botellón luego no saben bien lo que hacen  porque beben, y que es su manera de pasar el tiempo…

    La mujer mayor contestó que ella también había sido joven, que tenía hermanos… Y que ellos aunque no habían sido perfectos, no se habían comportado de esa manera. Jamas les hubieran permitido  causar destrozos como los que ahora se permiten. Que, con la edad de esos jóvenes sanos y fuertes, que no trabajan y , en ocasiones tampoco estudian; ella y los de su edad ya llevaban tiempo ayudando a sus familias.  Añadió que  sus padres siendo trabajadores con muy pocos estudios les dieron educación suficiente para saber lo que estaba bien y lo que estaba mal.

    La prueba de que estas cosas no son normales, es que en otros países de Europa no las permiten, Esto puede darnos la idea de que algo no funciona aquí como es debido.

    La mujer joven parecía un tanto contrariada o sorprendida. Parecían no estar de acuerdo. Cambió de conversación y se la veía molesta. Miró a la otra mujer como si estuviera viendo un ”bicho raro” y en cuanto le fue posible usó una excusa y se cambió de lugar.


    Conversación con Olga -2

    4 agost 2012

    Ester, trazó una línea recta que cortaba en dos el folio que había sobre su mesa. Marcó un punto en el centro de la línea y dirigiéndose a Olga dijo: – Nosotros podríamos ser este punto, y el espacio que se extiende a ambos lados serían; uno, nuestra parte consciente, y el otro nuestra parte inconsciente.

    En nuestra parte inconsciente guardamos una enorme cantidad de información que no manejamos debido a que desconocemos que está ahí. Por otra parte, ignoramos como acceder a esa información.

    Cuando surge una sensación desagradable – como la ansiedad o, alguna otra sensación que nos asusta –  si desconocemos su origen  nos encontramos ante algo que no sabemos cómo manejar.

    Si nos agarramos a la emoción, por negativa que nos resulte; ésta nos conduce como el hilo de Ariadna, al origen del problema  ya que la puerta de nuestro subconsciente se encuentra  abierta en ese momento.

    Entrar en ese espacio no debe asustarnos, pues todo lo que ahí hay, nos pertenece. Es parte de nosotros mismos. Una parte que nos pasó un poco por alto;  una parte de la cual no tuvimos una vivencia del todo consciente.  (Algo que pasa en muchas ocasiones de nuestra vida por motivos diversos.) Entrar en este espacio es encender una luz en la oscuridad.  Cuando encendemos la luz desaparece el miedo. Las sombras amenazantes desaparecen también para dejar paso a objetos conocidos y manejables.

    No te digo con esto que tengas que dejar la medicación que te está ayudando en este momento. Cuando este tipo de problema se hace muy fuerte, hay que recurrir a la medicación que, en manos de un experto es necesaria para que la persona pueda salir a delante lo antes posible.

    Pero si te digo que; cuando tenemos acceso a fuentes de información sobre este sector o cualquier otro de nosotros mismos,  nos sentimos más seguros y nos hacemos mucho más fuertes.

    Adquirid conocimientos en este campo del ser humano, es una tarea fascinante.


    Las heridas curan

    22 juny 2012

    Lola, encontró a David sentado en un banco de la estación y lo creyó enfermo. Tal era el aspecto de abatimiento que Presentaba.

    David era hijo de una buena amiga. Lola se alarmó y acercándose a él lo saludó y se sentó a su lado. Ante su preocupación David, la tranquilizó explicándole que no estaba enfermo. La causa de su abatimiento era otra.

    Andrea, su compañera con la que vivía, con la que se iba a casar y junto a la que había planeado su futuro, lo había dejado. La encontró en casa con otro. El golpe fue brutal; lo había descolocado y destrozado. A demás del dolor que le suponía su pérdida; todos los proyectos de sus vida habían quedado borrados de golpe.

    Sin ella la luz del sol ya no parecía la misma, ni las calles, ni las flores, ni el canto de los pájaros en los árboles de la estación sonaba melodioso. Todo parecía distinto. La vida seguía indiferente a su dolor y, – aunque éste pensamiento era absurdo- a David le resultaba cruel. Lola intentó consolarlo; le dijo que era joven, guapo, bueno que ella conocía sus cualidades y que encontraría a alguien que supiera valorar todo lo que él valía. Concluyó diciendo que seguro que aquella chica no era la adecuada para él y que al final “NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA”

    (Cuando nos hacemos una herida sabemos lo que tenemos que hacer, la ayudamos a curarse haciendo aquellas cosas que todos sabemos que funcionan. Nuestro cuerpo, por su parte, se pone a su trabajo desde el primer momento. Los tejidos empiezan a crecer desde los bordes hasta cerrar la ruptura. Poco a poco todo adquiere un estado de normalidad. En el lugar queda una cicatriz que nos recuerda que un día tuvimos dolor y problemas. Pero la zona ya no es dolorosa.

    Las heridas del alma siguen un proceso parecido. Primero hay que aguantar el dolor -cada minuto que pasa, va mermando en intensidad aunque al principio no nos demos cuenta- Es muy importante que alguien nos recuerde que todo pasa; por más que en los primeros momentos si el dolor es muy intenso se nos antoje imposible.)

    Lola no se equivocó, tiempo después David encontró a otra chica con la que se casó y tuvo dos hijos. Es extraordinariamente feliz y bendice el día que Andrea lo traicionó. Aquella traición sólo es un recuerdo que ya no duele. Andrea cerró una puerta, dando ocasión para que pudiera abrirse la puerta de su verdadera felicidad.

    Las heridas curan; si les damos el tiempo necesario, si no las escarbamos, si dejamos que la naturaleza haga su trabajo y nosotros ponemos la contribución que nos toca en el proceso.


    Conversación con Olga (extracto)

    1 maig 2012

    …Parecías cansada, triste y tu voz sonaba como si te faltaran las fuerzas. Supe que la ansiedad y el miedo te habían atrapado de nuevo.

    Tiempo atrás me contaste que tu mal no procedía de una causa conocida y que se te antojaba un monstruo que te asechaba a cada recodo del camino. Su origen desconocido hacía que te asustaras mucho más.

    Pero por todo lo que sé de ti comprendo bien  que su origen se encuentra en alguna cuestión olvidada del pasado que sigue archivada en un lugar de tu cerebro.

    Cuando sientas que la ansiedad se está acercando, si te es posible; no corras. Llevas mucho tiempo corriendo de ella, escondiéndote detrás de cualquier cosa que parezca ofrecerte un refugio.

    Si un día estás rendida de correr y esconderte, tal vez te sientas dispuesta a sentarte y dejarla llegar. A dejar que” te atrape” junto con toda la carga de miedo que la acompaña. ¿Qué puede pasar si te sientas a esperarla? ¿Crees  que será peor que todo lo que has sufrido hasta ahora?  Si lo haces, al fin;  no la esperes para luchar contra ella más bien  hazlo de forma pacífica. Disponte para descubrir sus cartas, las cartas con las que juega. Sólo así  descubrirás la lección encubierta que hay en su visita.

    La espiral de miedo que te envuelve y que amenaza con ahogarte cesará y lo hará para siempre (una vez que hayas comprendido las razones que tiene para venir a ti). (Suelen ser cosas de poca importancia, o cosas cuya importancia ha caducado.)

    Entonces serás libre  de todo eso, y lo serás para siempre. Entonces conocerás una fuerza que hasta ahora no sabías que existe y que ahora se abrirá paso desde tu interior. Este puede ser el primero de una serie  de descubrimientos insospechados. Si lo intentas ¿Qué crees que puedes perder?

    (Pero hazlo sólo si tú quieres. No estás obligada a hacerlo)

    En cualquier caso, yo te doy ánimo y te aseguro que al final todo es para bien.


    La más buscada

    11 desembre 2011

    Todo el mundo desea encontrarla. La buscan con ahínco, con paciencia con ansia… Incluso con desesperación. Ella es buscada como se busca el agua para la sed…

    Muchos pasaron gran parte de su vida buscándola y acabaron decepcionados y tristes porque nunca la encontraron. La buscaron en las riquezas, en el amor romántico, en el lujo, en el arte y en infinidad de cosas y lugares. (Algunos triunfaron en algunas o varias parcelas de su quehacer cotidiano,) La profesión, el arte las ciencias…,   poco más tarde comprendieron que aunque eso estaba muy bien, no la habían encontrado.

    algunas veces creyeron tenerla  al alcance  de la mano, pero casi antes de que pudieran acariciarla,  se desvaneció como se desvanece  la niebla  con el  calor  del sol. Como se desvanece  un espejismo en el desierto. Y siguieron corriendo detrás de todo lo que creían necesario para tenerla. En otras ocasiones creían haberla encontrado en algún lugar o situación de sus vidas; para darse cuenta de que no era ella aunque se le pareciera desde lejos.

    Ella es una dama de gran clase -de la mejor- pero viste ropajes sencillos, no es ostentosa, ni ruidosa, ni gusta de los lugares artificiosos.  Aunque es realmente elegante; no va llamando la atención. Es discreta y callada.

    Siempre se encuentra cerca, aunque  hay que saberla ver. No pude ser retenida por la fuerza ni por el dinero, ni por ningún otro poder humano. Va y viene libre. Se hace presente para aquellos que la buscan escudriñando los rincones positivos de cada momento vivido. De los que intentan  vivir positivamente cada momento de su existencia.

    Ya sabéis de quien hablo;  hablo de la  FELICIDAD.

    OS DESEO MUCHAS FELICIDADES A TODOS EN ESTAS NAVIDADES

    Y UN AÑO NUEVO LLENO DE SALUD Y DE TODO LO NECESARIO

    PARA ENCONTRAR LA FELICIDAD JUNTO A LOS VUESTROS.

    ¡UN FUERTE ABRAZO!


    Mi amiga Julia

    12 setembre 2011

    Hacía tiempo que una rata de grandes dimensiones se paseaba por las casas.

    Visitaba las humildes alacenas del barrio y roía las escasas provisiones que se guardaban en ellas. Parecía vieja pues parte de su lomo estaba calvo. También debía de estar sorda. No corría hasta que no nos veía ir hacia de ella.

    Las mujeres chillaban y los hombres no habían sido capaces de atraparla. Los gatos le tenían miedo.

    Julia tenía mucho tiempo para pensar. Su madre se marchaba a trabajar mucho antes de que amaneciera, y también su padre.  No tenía plaza en la escuela pública. ( Muchos años después de la guerra seguía sin haber escuelas para todos.)  Bastantes padres no podían pagar una plaza en un colegio privado.

    Le daba mucho asco que la rata mordiera las patatas tomates y pan que se guardaba en aquellos armarios de cocina. En las horas “eternas” que  pasaba sola ideó un plan. Se apostó sentada en una silla baja  (de las que se usaban para coser)  tras la puerta de entrada. Tapada con una colcha de cama  cuyo tejido le dejaba ver entre los hilos que no eran muy tupidos. Con una paleta de pesado hierro que servía para remover las brasas  del brasero en las frías noches de invierno, entre las manos.( las antiguas puertas de las casas hechas de madera montadas sobre gozne y sin marco, no ajustaban bien y con los cambios  de temperatura la madera  se deformaban mucho dejando espacio suficiente para que entraran las ratas.) Julia,   esperó con toda la paciencia necesaria -le sobraba tiempo- a que apareciera; y apareció.  Entonces la agarro por el largo rabo que tanto le repugnaba y de forma contundente empezó a darle fuertes golpes. El animal se revolvió bravamente luchando por su vida, intentando saltar hacía ella y ella  tuvo que arreciar en su contundencia.

    Por fin la repugnante y pobre rata cayó muerta.

    Julia tenía entonces unos ocho o nueve años y pudo hacer lo que las mujeres maduras no habían conseguido hacer.

    Después me contó que no se sentía orgullosa por aquello. Me explicó que aún sentía en sus manos la vibración de los golpes dados al animal, que no se sentía bien cuando recordaba  a la rata luchando desesperadamente por su vida. Aquel animal sólo buscaba comer como cualquiera de nosotros. Y aunque no era una visita agradable y ella comprendía que matarla era necesario; el hacerlo le había resultado muy desagradable y triste.


    Aquel verano…

    10 juliol 2011

    Disfrutaba con unos amigos en la playa. Aquel  día, nos alejamos un poco de la orilla, mar adentro, en una pequeña barca. Yo,  nadaba junto a la barca y   me  alejé unos metros del grupo que charlaba y chapoteaba  entre bromas.  Tendida relajadamente sobre el agua  me dejaba mecer  por las  olas con los ojos cerrados.

    En un determinado momento los  abrí y la penumbra lo envolvía todo. Una débil luz  de luna, hacía brillar las aguas. El terror recorrió mi cuerpo. ¡¡¡los demás no estaban!!!

    Supuse que me había quedado dormida.  El resto del grupo habría creído   que yo había alcanzado a nado la playa y que los estaría esperando allí.

    Tuve el deseo de gritar con todas mis fuerzas;  pero caí en la cuenta de que no serviría de nada y me abstuve de hacerlo. Pensé en nadar, pero, ¿hacia dónde…?

    La línea de la playa, aunque debería estar cerca, no estaba a la vista…

    Consideré que dadas las circunstancias, había llegado mi hora final. De nada serviría alterarme, así que después de reflexionar unos momentos  me calmé todo lo que pude.  Acepté el hecho.  ¿Qué remedio me quedaba? Una gran paz reemplazó mi terror.

    Decidí nadar en la dirección que tenía al frente. Si ha había suerte, sería la dirección correcta. Me encomendé a Dios, pedí su ayuda que se hiciera su voluntad. Empecé a nadar llena de calma.

    De pronto abrí los ojos, la luz del sol, que entraba por la persiana medio bajada  de mi habitación lo inundaba todo. Estaba en mi cama. ¡No me lo acababa de creer…!

    Todo había sido un sueño tan vívido, que seguía pareciendo real.

    Sentí una gran alegría y agradecimiento por estar donde estaba.

    Aún  sigo pensando que fue un sueño muy extraño.


    Dolencia de familia

    6 juny 2011

    Padecía fuertes dolores de cabeza. Tenía que aislarme de la luz y del ruido. Mi madre me ataba una media sobre la frente y eso me aliviaba, pero tenía que acostarme durante horas porque  parecía que la cabeza me quería estallar.

    Este  problema pertenecía a la   familia de mi padre, lo  padecía mi abuela y todos sus hijos. Un día  pensé que tal vez pudiera yo hacer algo para  poner remedio.  Hice una relajación y me centré sobre todo en mi cerebro. Imaginé que  lo aflojaba más y más, que la sangre circulaba sin problemas, libremente. Imaginé que los pequeños vaso sanguíneos del cerebro, se aflojaban también , más y  más . Al principio parecía muy difícil pero yo insistí. Empecé a sentir un alivio que se fue haciendo mayor cada vez que lo hacía.

    Observé que si me ponía a ello antes de que el dolor fuera demasiado intenso, todo resultaba más fácil. Finalmente, el proceso se automatizó con la práctica; podía hacer la relajación  en cualquier lugar donde empezara a tener  los primeros síntomas del mal, sin que tuviera que aislarme.

    Los dolores  fueron haciéndose menos frecuentes,  más cortos  y menos intenso.Finalmente desaparecieron para siempre. Actualmente y desde hace muchos años, soy libre de ellos.

    La fuerza de voluntad, la constancia y mi fe en lo que hacía, me dieron el triunfo.


    los milagros

    4 abril 2011

    Una persona amiga, comentaba conmigo a cerca de los milagros. Me  explicaba las razones por las cuales no cree en ellos. Me daba razones tan sensatas y dentro de la lógica humana, que no tuve argumentos para rebatírselas. Me limité a guardar un respetuoso silencio ante sus argumentos. Lo cual no significaba en absoluto  que yo compartiera su forma de ver las cosas. Y es que , yo, veo milagros en todas partes.  Cuando me paro a ver y desmenuzar cuanto me rodea no me encuentro capacitada para dar explicación lógica a casi   nada de lo que veo. Las estructuras que forman la vida son más misteriosas e inexplicables cuanto más se ahonda en ellas. Cada descubrimiento lleva a una nueva incógnita y el asunto parece no tener fin.

    Siembra un hombre su cosecha, su trigo; lo siega y recoge  y hace su pan,  pero el grano de trigo que dio origen al pan, no pudo ser hecho por el que sembró la cosecha, y sin él nada de eso hubiera sido posible.

    Cualquier humilde hierba, que crece al borde de un camino, encierra dentro de sí una asombrosa maravilla. No podemos medir los límites del Universo. No podemos meter en un dedal el agua del océano, porque no cabe;  para nuestra cabeza  las medidas al menos de momento, son superiores a nosotros, nos sobrepasan. Ahondar en el conocimiento de todo nos lleva a ser cada vez más humildes al darnos cuenta de que lo que ignoramos parece no tener fin.


    Nuestra fuerza interior

    28 febrer 2011

    Padecía yo, fobia a la sangre. En cuanto me hacía un corte, y veía caer la sangre, sentía unos    fuertes pitidos os en los oídos, unas  náuseas insufribles y caía sin sentido. Después me sentía mal durante bastantes horas, hasta que lograba recomponerme.  Un día mientras limpiaba los cristales de una ventana de graven; caí  y la muñeca de mi mano derecha  fue rompiendo los cristales hacia abajo.

    La sangre empezó  a   chorrear y el proceso que yo conocía bien, se puso en marcha.- Mi mente   funcionó con la rapidez  del relámpago-. No podía permitir que pasara. Me encontraba a solas con mi hija de tan sólo cuatro años. La idea de que ella me viera tirada en el suelo sangrando y sin conocimiento, me aterró. Debía impedirlo como fuera. Algo desde dentro de mí se opuso con una fuerza tremenda y desconocida a la posibilidad de que mi niña pasara por aquella experiencia.

    Conseguí  no caer. Fui al lavabo a taponar la herida que afortunadamente no era  muy importante. Cuando me vi en el espejo, la descomposición de mi cara me  asustó. No recuperé el aspecto normal  hasta el día siguiente. Pero  partir de aquí descubrí algún tipo de mecanismo por el cual aguanto. Nunca más he vuelto a caer ni por la sangre ni por ninguna otra cosa.  Y es que poseemos una enorme fuerza interior que desconocemos y que  se pone en marcha cuando hay una necesidad de fuerza mayor.


    Todo amor

    13 gener 2011

    Rosario creía que “su tiempo” ya había pasado. Por  eso cuando consultó al médico por aquellas molestias  que sentía, no esperaba que el médico le dijera que estaba embarazada.En el primer momento no le sentó bien. Ella ya había criado varios hijos, y creía que ahora le había llegado la hora de descansar  un poco.

    La cosa empeoró cuando el médico le comunicó, tiempo más tarde, que el niño no venía bien.

    Antonio nació con síndrome de  Down  y una patología cardíaca que no pudo solucionarse tras su paso por el quirófano.  Para entonces, toda la familia se había “enganchado” a aquel niño tierno e indefenso,  en este caso más necesitado que los demás y que movía aún más a la ternura. Pero los médicos les comunicaron que viviría muy poco.  Cada vez que Antonio sufría una crisis, montaban turnos para estar con él en el hospital. Una y otra vez los médicos y el amor de su familia lo sacaban adelante.

    Mientras el niño crecía, daba  amor en torrentes  a todos,  y lo recibía de todos cuantos le rodeaban. Tan dulce, tan cariñoso, los corazones se hacían más blandos en su presencia. Quería a todo el mundo y cuantos le rodeaban y conocían le adoraban. Antonio era todo amor. Fue un niño muy feliz y estar con él contagiaba felicidad.

    A los treinta y cuatro años, Antonio murió plácidamente, una noche, mientras dormía. Su madre cayó en la depresión y necesito tomar fármacos para poder superarlo. Dejó un gran vacío en los corazones de cuantos le trataron.

    Medicina para el corazón


    Conforme vamos creciendo, absortos en los quehaceres e inquietudes de nuestra vida, la mayor parte de las veces, estamos rígidos o demasiado rígidos para que la sangre circule del todo bien por nuestras venas y arterias. Nuestro corazón, también rígido en parte, trabaja en cierto modo, un tanto forzado.

    Como consecuencia de esto, se va perdiendo flexibilidad en nuestro sistema circulatorio. Los nutrientes de la sangre, no llegan perfectamente bien a todos los tejidos y órganos de nuestro cuerpo, tampoco los líquidos. Las células no pueden  limpiarse del todo de sus desechos  por que les falta facilidad para recibir agua en cantidad adecuada y también les es menos fácil eliminar el agua contaminada. En definitiva, conforme nos vamos haciendo mayores nos vamos secando.

    En presencia de niños pequeños en general, pero sobre todo  niños como  Antonio, nuestro corazón se ablanda mucho  por efecto de la ternura que despiertan. Cuando el corazón se pone “blandito”, también lo hace en parte, todo el sistema circulatorio y como consecuencia, el proceso anteriormente descrito se invierte dando lugar a mejorías en ciertas dolencias  cuando pasamos, regularmente  un cierto tiempo con ellos. Por eso y muchas cosas más,  pienso que  son un regalo de amor para  este mundo rígido que se seca y se endurece un poco más cada día.


    La necesidad de reciclar

    16 novembre 2010

    A veces, mi madre me mandaba al zapatero del barrio.  Los zapatos de la familia se arreglaban mientras era posible.

    El zapatero tenía su taller situado en los bajos de un edificio antiguo. Era un local no muy grande, que rebozaba de los materiales propios de aquel trabajo.

    Al fondo, según se entraba, unas estanterías contenían un buen número de zapatos a la espera de ser arreglados. En un apartado de las mismas estanterías, estaban los que esperaban para ser recogidos por sus dueños. De una de las paredes, colgaban  los patrones que servían para hacer zapatos nuevos a medida. Grandes trozos de cuero colgaban también de la pared. Y sobre el suelo, junto a un rincón, había un montón de hojas de caucho con las que  hacía suelas.

    Una silla baja y una mesa también baja, llena de diversos útiles y herramientas, ocupaban el centro del pequeño taller, aprovechando la luz que entraba de la calle por la puerta. No había máquina alguna, todo tenía que ser cosido a mano. Aun recuerdo el olor a betún y  a tinte.

    El hombre canturreaba mientras cosía y se veía feliz. Nunca le faltaba el trabajo con el que sacar adelante a su familia. Casi siempre hacía esperar a la gente un poco,  antes de dejar el trabajo que tenía entre las manos. Yo le veía coser absorto en su labor. Sus manos expertas en la tarea parecían danzar en el aire al son de alguna música que solo él percibía. Su destreza, daba a los movimientos de sus manos soltura y armonía.

    Y es que en  esos tiempos  se reciclaba todo. A algunas cosas se les daban varios usos, hasta que ya no se podía más. Tal era el caso del papel en el que se envolvían los comestibles;  en su último uso  estaba destinado a encender el fuego de la chimenea o la cocina de carbón en la que se hacía la comida.

    También  se guardaba el cobre de las bombillas, los metales de todo lo que se rompía  y los trapos viejos.  Con los restos turbios que quedaban después de depurar el aceite de oliva, se hacía un jabón de muy buena calidad.  Al final, quedaba algo de materia orgánica que se pudría  en los lugares destinados a ello y se usaba como abono para la tierra. Hasta dónde puedo recordar, no quedaba nada que pudiera contaminar el planeta. Los ríos corrían limpios, el agua de los arroyos y fuentes se podía beber por las montañas sin miedo, el aire era transparente y el cielo de un azul purísimo. Y no dependíamos tanto del petróleo.

    No soy partidaria de volver al pasado, aprecio en gran manera los beneficios que nos han traído la técnica y la ciencia. Lo que sí digo es  que; creo que no se está haciendo un uso sensato de los recursos de la Tierra ni tampoco de todos los avances técnicos y científicos que tenemos.  Creo que el ser humano está de sobra capacitado para extraer lo mejor posible, de aquella vida, y unirlo a lo mejor de ésta, y que si no se hace, en bastantes ocasiones por lo menos, es debido a intereses económicos oscuros y egoístas que sólo beneficia a unos pocos.  Como suele ocurrir casi  siempre.

    Al final el consumismo y la insensatez con la que se vive en estos tiempos, está dejando una grave huella en el medio ambiente y afectando a la salud de los seres vivos que lo pueblan.

    Si no se rectifica en breve, ya no habrá vuelta  atrás.  La vida tal como ahora la conocemos, quedara gravemente dañada.


    Sin síndromes

    21 octubre 2010

    Un grupo de amigos, pasaban las últimas horas de sus vacaciones  sentados en la terraza de un bar, en la pintoresca plaza de un pequeño pueblo. Charlaban tranquilamente.   Se preguntaban cuando tendrían la ocasión de verse de nuevo; mientras  disfrutaban del momento.

    En el centro de la plaza había un gran árbol, lo rodeaba un arriate en alto, lleno de flores. Sus ramas se extendían cubriendo casi toda la plaza, como si la protegieran. (Un cartel decía que el árbol tenía ciento cuarenta años). Sobre una escalinata, la iglesia del pueblo lucía su soberbia portalada barroca. Cada rincón del desnivel, junto a la escalera, estaba primorosamente ajardinado. Algunos  comercios de ropa y complementos exponían sus artículos a la vista del público dentro y fuera de la tienda, aportando una nota muy colorida a la plaza. La guinda la ponía una floristería con sus flores expuestas en la calle.

    Los amigos, se sentían felices de haber estado juntos en esas vacaciones  que les habían permitido visitar lugares nuevos bonitos e interesantes y  les dejaban un grato recuerdo que no olvidarían fácilmente.

    Por la tarde  había que hacer las maletas, porque a la mañana siguiente después  del desayuno, cada cual tomaría el camino de vuelta a su casa.

    Pero las cosas son así -comentaban- se terminan más tarde o más temprano,  porque así es la vida. Nada dura para siempre, y si nos paramos a verlo con sentido común comprendemos  que es bueno que así sea.

    No podemos detener la primavera, entre otras cosas, porque no podría llegar otra nueva. Si hubiera forma de detenerla, se enranciaría en la cotidianidad y dejaríamos de ver su encanto. No podemos detener el curso de un río, sin acabar con  él, convirtiéndolo en otra cosa.  Si detenemos el agua encharcándola se pudre. Hay que dejar ir las cosas sin miedo, sin agarrarnos a ellas, para dar lugar a que lleguen otras.

    Disfrutar de todo ­-sin sufrir porque se acaba-  plantearnos la vuelta como algo normal, e incluso bueno, pensar que habrá lugar y tiempo para otras cosas también buenas que, hasta pueden llegar a ser mejores; nos ayuda a vivir mejor y  no deja lugar a los  síndromes pos vacacionales que tanto suenan en estos tiempos.


    El comunicado de Rosa

    1 juliol 2010

    Rosa, una mujer como tantas otras, se levantó aquella mañana dispuesta como siempre a cumplir con sus tareas.  Cumplía años este día.  Cumplía bastantes;  todos sus hijos ya le habían dado nietos. Sin saber porqué, comenzó a hacer una retrospectiva de su vida. Reparó en el hecho de que, desde muy temprana edad, había tenido que ayudar a la familia.  Era la mayor de cinco hermanos y en tiempos de pos guerra, ni siquiera pudo ir al colegio.

    Desde muy pequeña, la educaron en el respeto a los mayores, le habían enseñado a obedecer. Le enseñaron que lo normal era obedecer a los padres, abuelos, tíos y a todas las personas mayores ( y a  Rosa, ésto le parecía bien). Obedeció después en el trabajo, a sus jefes, también a su marido.  Finalmente, reparó en que sus hijos también le mandaban como lo más natural y sin darse mucha cuenta. (Esto, no le parecía tan bien)

    Había aguantado regañinas y broncas a lo largo de su vida, cuando los que mandaban lo creían oportuno. Y así toda su vida había transcurrido en la obediencia. Se daba cuenta, ahora, de que nunca había tenido voluntad propia.  A estas alturas de su vida, veía que nunca había dedicado tiempo para ella misma. Le gustaba la pintura pero nunca  pudo probar la experiencia.

    En los días siguientes meditó sobre todo ésto y se dio cuenta de que ya había llegado la hora  de hacer algunos cambios.  Decidió hacer un comunicado a su familia en los siguientes términos:

    Querida familia;  habiendo cumplido ya muchos  años,  y habida cuenta de que he alcanzado mi mayoría de edad, me considero en el derecho de tomar las riendas de mi vida.

    Desde éste día, no aceptaré órdenes de  nadie. Cumpliré con mis obligaciones y deberes, lo mejor que pueda, como siempre he hecho. Aunque me reservaré un tiempo para mí -salvo casos de fuerza mayor-. Dispondré de mi tiempo de la forma que yo crea justa. Me consideraré una persona de pleno derecho para tomar decisiones y disponer  de lo que me pertenece. No permitiré regañinas ni broncas de nadie cuando cometa alguna equivocación. No toleraré imposiciones de nadie, sobre mi tiempo y mi persona. Aunque sí, aceptaré y agradeceré consejos, observaciones, lecciones, -de todos - y las tomaré en cuenta cuando lo crea oportuno.

    Todo esto no cambia en nada el hecho de que yo os siga queriendo, ayudando y siendo la misma de siempre en lo que respecta a todo lo demás. Esta es mi decisión irrevocable.

    Os quiero a todos con toda el alma:

    Rosa


    El valor de las cosas

    4 maig 2010

    Un numeroso grupo de  personas visitábamos la exposición de un ceramista.

    El lugar estaba dentro de la ruta turística que visitábamos. En un pueblo donde habíamos visitado ya, un castillo y un monasterio. Las cerámicas se exponían a las afueras del pueblo en una pequeña nave que anteriormente había servido para guardar aperos de labranza. Las piezas estaban colocadas sobre el suelo tosco y unas improvisadas baldas, exponían las piezas más pequeñas. Después de que el ceramista, orgulloso de sus bonitas obras nos diera algunas explicaciones sobre las mismas, cada cual empezó a coger lo que quería comprar. Una señora, quiso coger una figurilla de imán para frigorífico, y la balda calló del precario apoyo sobre el que estaba colocada.

    El hombre se descompuso. En su enfado, no callaba. La mujer abochornada, se quedó muda, mientras  los demás esperábamos ante la caja para pagar. Afortunadamente,  para ambos, no se rompió nada.

    Mientras observaba lo ocurrido, comprendí en parte la reacción instintiva del hombre, ante el temor de que se hubieran roto varias de sus pequeñas obras. Compadecí a la señora por  lo mal que lo estaba pasando y anoté en mi memoria la conclusión que saqué de lo ocurrido. Más tarde, fuera del lugar, la señora me dijo que había pasado mucha vergüenza y  que aún se sentía mal por lo ocurrido.  La tranquilicé haciéndole ver que este tipo cosas nos pueden pasar a cualquiera. Que no hay razón para sentir vergüenza por algo involuntario. Que además, suele pasar que, ante  una situación inesperada,  nos sintamos cortados y no sepamos que decir;  también esto pasa en  algunas ocasiones  y no hay que darle mucha importancia.

    Hubiera estado bien decirle al hombre que se calmara, porque en realidad, no había pasado nada y  no es razonable ni provechoso sufrir por algo que, aunque pudo pasar, no pasó. Que en el caso de haberse roto alguna cosa, ya  hubieran llegado a un acuerdo en el pago.

    Pero esto, se suelen pensar después  cuando se reflexiona con un poco de tiempo.  Este hecho me llevó a ver una vez más cuanto sufrimos a veces por cosas que no lo merecen. Nuestra vida suele estar llena de sufrimientos que en gran parte son inútiles.

    Realmente, las cosas no son importantes. Sólo las personas somos importantes  y ninguna cosa material  es tan valiosa como para que tengamos que sufrir por ella.


    Pedro y María

    1 abril 2010

    Pedro y María eran jóvenes, ella morena esbelta y guapa; el guapo, trabajador, y una persona en quien se podía confiar. Se conocieron en el barrio. Se enamoraron y cuatro o cinco años más tarde se casaron. Transcurridos unos dos años,  tuvieron a su hijo, Pablo.

    Pedro, trabajaba en una empresa importante y se ganaba bien la vida. Ella también trabajaba y entre los dos llevaban a casa un buen dinero. Eran felices, sólo había que mirarlos para verlo. Un  día, se compraron un buen pedazo de terreno en un lugar que les encantó. Una constructora, les hizo una casita  preciosa    a  la que se trasladaban ilusionados todos los fines de semana y siempre que se les presentaba la ocasión. Aunque por esta causa, ya  no tenían mucho tiempo para verse con los amigos, hacer excursiones, organizar encuentros, etc.

    Ahora  tenían que cuidar  de su casa. Plantaron algunos frutales que había que regar cuando no llovía  lo suficiente. Las maderas del amplio porche se deterioraban con los cambios de temperatura y de las estaciones, y eso suponía que había que trabajar para barnizarlas casi cada año. El cuidado de ventanas, fachada y limpieza en general  ocupaba un amplio capítulo. Pensaron que les faltaba una piscina para que su dicha fuera completa y se pusieron manos a la obra.  Aunque se gastaban todo su dinero en la casa y nunca volvieron a tener unos días de vacaciones, ellos estaban encantados. Siguieron plantado rosales y ampliando el jardín, haciendo más habitaciones,  un garaje más grande y muchas cosas más, pensando en un mañana dónde las disfrutarían todas.

    Un día, sus vidas dieron un giro inesperado: la empresa de Pedro cerró, la sucursal en la que  él trabajaba y trasladó a sus trabajadores a otra, situada en un lugar lejano. Él no podía dejar su puesto fijo, en el que llevaba bastante tiempo.  Tubo que trasladarse. Vendieron su piso y su casa, y se marcharon dejando atrás todas las ilusiones y  trabajos.

    Cuando se fueron, no habían dedicado  mucho tiempo a recorrer  todos los senderos. No habían podido dedicar tiempo suficiente ha escuchar el silencio del lugar, (al que se llega tras un largo recorrido por pistas de tierra). Un lugar alejado de las carreteras asfaltadas y los núcleos de población,   en el que sólo se escucha  el canto de los pájaros. Creo que no  disfrutaron  mucho el fuerte olor a pino y romero que lo perfuma todo.  No tuvieron tiempo para contemplar los lirios salvajes, las vistosas jaras floridas, los tomillares y los brezos. Yo no se si contemplaron las suficientes puestas de sol desde el porche  colgado de la ladera de la montaña …

    Poco después de marcharse, una mañana, Pedro murió en un desgraciado accidente de coche.  María, destrozada por el dolor, se hundió en su luto del que no pudo o no quiso salir. La vida se les   truncó  arrebatándoles todas  sus ilusiones mientras  planeaban más y más cosas para un mañana que nunca llegó para ellos.

    Cuantos esfuerzos, trabajos y zozobras llenan  nuestras vidas mientras  corremos  persiguiendo objetivos materiales  para mañana.  Mañana  Sólo es hoy. Si perdemos el hoy, nunca disfrutaremos  de las cosas que ya tenemos que sólo en el hoy pueden ser vividas.


    Bella y cara Mallorca

    19 febrer 2010

    Escuchando la radio, una tarde, en un  programa dónde intervenían los oyentes, escuché a una mujer indignada.  Se trataba de una mallorquina.  Se quejaba de que en la isla,  el idioma alemán parecía el idioma oficial. Contaba que, todos los supermercados, hoteles, restaurantes y negocios en general, lo presentaban todo escrito en ese idioma. Conforme la mujer fue exponiendo su queja, observé que dentro de mí iba naciendo un sentimiento de indignación que me solidarizaba con ella.

    Quiso la casualidad, que poco después tuviéramos la oportunidad de pasar unos días de vacaciones allí.  Elegimos alojarnos en un hotel de la Bahía de Alcudia. -No os voy a contar las alabanzas del lugar- porque, posiblementeya las  habréis oído muchas veces y  es posible que  lo conozcáis mejor que yo. Nada más llegar, tras dejar nuestro equipaje, salimos a comprar unas cosas que nos eran necesarias. Recorriendo algunos de  los comercios de la zona, enseguida nos dimos cuenta de que aquella mujer no había exagerado el tema en nada. Observé que mi indignación crecía aún más. El lugar rebosaba de florecientes comercios, restaurantes y grandes hoteles con muchas estrellas. Esto se traducía en muchos puestos de trabajo, lujo, y un alto nivel de vida. -O esto fue lo que a mí me  pareció-.  Naturalmente, como había dicho la señora, todo se publicitaba en el idioma alemán. Pero,cuando íbamos a un restaurante o comercio, éramos atendidos amablemente en nuestro idioma. Por otra parte, me di cuenta de que este turismo era un turismo de familias que cenaban muy temprano y a las diez de la noche, todos estaban en su hotel. No vi ni un solo  borracho, ni  escuché ningún  escándalo.  No vi un solo acto de incivismo.

    Aquella gente pagaba los servicios que se les daba, y a un  precio muy alto.-  Mallorca me resultó excesivamente cara- . Conforme fueron pasando los días – no fueron muchos-  mi punto de vista fue cambiando, llegué a la conclusión de que era normal que los comerciantes ofrecieran sus productos en el idioma que más les convenía para su negocio. Era una libre elección. Nadie les obligaba a hacerlo así. Me pareció Lógico.

    Desconozco otras  razones que puedan haber para la queja. Mis conocimientos a cerca del turismo en Mallorca, se limitan a estos pocos días que pasé allí, y esta opinión mía, sólo se refiere a éste punto en concreto, ( al  que aludió aquella señora en la radio).

    Finalmente pensé,  que para juzgar hay que tener más datos y escuchar más testimonios, o de lo contrario, nuestro juicio corre mucho riesgo de ser erróneo o injusto.


    El mundo de mi sueño

    1 febrer 2010

    Soñé que un mundo distinto era posible. Soñé que ese mundo ya existía en la misma esencia de éste.

    Era un mundo dónde se expresaba lo mejor de cada cosa, lo mejor de cada situación, lo mejor de cada ser…

    Cada cual en su vida buscaba las capacidades más sobresalientes de su alma con las cuales poder ser útil al mundo y así mismo. Soñé que a todos se les orientaba en éste sentido. En este mundo existía todo cuanto el hombre necesitaba para ser feliz.

    La enfermedad había sido erradicada casi  por  completo de la vida de los seres humanos. Cuando alguien perdía -raramente- la salud, sabía como reconducirse para recuperar de nuevo el equilibrio. Esta enseñanza formaba parte de la cultura general que se impartía en los colegios y se vivía en el seno de la familia y en la sociedad entera.

    Si en algún, raro caso, la persona no podía por sí misma reconducirse, un equipo de ayuda, compuesto de médicos, sociólogos, filósofos y sabios, prestaban sus servicios para tal fin. Hacían uso de sus conocimientos y usaban  los medicamentos que creían más adecuados en cada situación. Se usaban hiervas u otro tipo de medicina natural. Si la situación lo requería podía usarse  la medicina química, aunque sólo ocurría en raras ocasiones.

    El hambre era sólo un recuerdo lejano. A la mayoría les parecía imposible que tal cosa hubiese pasado y creían que sólo era una leyenda. Sabios y justos gobernantes estaban al frente de las instituciones que gobernaban los pueblos.

    Sólo el  bien común  era lo que los movía en sus decisiones. La locura del egoísmo y la avaricia, habían sido borradas de los corazones por el ejercicio del conocimiento y el uso del sentido común, que es común a todos los humanos.

    Aunque siempre se dijo que, “el sentido común es el menos común de los sentidos”.


    La educación nunca está de más

    11 gener 2010

    paradaUna noche de Invierno una mujer cogía el autobús, en una parada solitaria. Hacía frío y ya era tarde. La mujer, con aspecto cansado,  dio las buenas noches extendió un billete y se disculpó, dijo que lo sentía  pero no se había dado cuenta antes de que no le quedaban monedas.  Las tiendas estaban cerradas y no había en la zona  dónde poder cambiar. El conductor, se puso rabioso, alzando la voz dijo que él no tenía por que cambiarle, que los pasajeros están obligados a llevar cambio y siguió gritándole al respecto, no recuerdo cuantas cosas innecesarias más. Finalmente terminó diciéndo;  -¡usted se baja  en la  próxima!.

    -La mujer lo escuchó en silencio y sin perder la calma. Cuando él terminó;  ella, manteniendo la calma, se volvió hacia los viajeros y enarbolando el billete, cuya cuantía no recuerdo, les dijo alzando la voz _ ustedes lo han oído todo.  _ Y añadió que no  le iría bien bajarse en la siguiente parada  que si alguno tenía cambio  le haría un gran favor al cambiarle.

    Hasta el momento, todo el mundo había permanecido en un silencio expectante, pero en éste punto se oyó un fuerte murmullo generalizado. Todos  los pasajeros reaccionaron contra el comportamiento del conductor. Todos a una, le afearon y criticaron su comportamiento y su poca educación. El conductor, aguantó en silencio la tormenta de críticas y descalificaciones que le cayeron en cima.

    Muchos ofrecieron cambio, otros querían pagarle el billete, a la mujer  y un hombre dijo: ” usted no paga  y  a ver si se atreve a echarla que se las verá con migo”, a lo cual se le unieron rápidamente varios más.

    El conductor, podría haber dicho que no tenía cambio, que no tenía obligación de cambiarle; o podía haber sido amable  y pasar por alto  el fallo de la pasajera,  pero cualquier cosa tenía que haberla hecho de forma educada sin gritar de aquella forma que resultaba humillante y muy agresiva.

    Su comportamiento  poco adecuado se volvió contra él. Tal vez esa noche aprendió una lección que tenía pendiente.


    Las ropas y los ropajes

    22 desembre 2009

    rosas de mi patioEn cierta localidad, cuyo nombre me callo, en lo  más alto de una  hermosa  montaña  hay un santuario dedicado a la virgen. Dicha imagen goza de la veneración del pueblo y de toda la comarca. Al santuario  acuden los lugareños  en sus apuros, a implorar las ayudas del Cielo. Se cuentan muchos  milagros y de ello dan  fe  los  numerosos exvotos expuestos a la vista de todos, a modo de museo. La virgen por su aspecto, parece una imagen muy antigua,  de hecho no se conoce el autor y fue encontrada escondida en una cueva después de la reconquista.  Hasta aquí, la historia se parece a muchas otras.

    La virgen cuenta con un extenso y riquísimo vestuario, regalo de personas y entidades conocidas, en cuya lista  se encuentran personajes ilustres del pasado e incluso de la realeza.

    Un grupo de señoras llamadas, camareras de la virgen, tienen el honor de vestir y desvestir la imagen, (creo que  este grupo, jamás incluyó  hombre alguno).

    Las cosas fuero así durante siglos. Pero un día   llegó un párroco nuevo, vio la imagen, la inspeccionó y se dio cuenta de que estaba a punto del desastre, toda comida de polilla, requería una intervención urgente. Puso la imagen en manos de expertos restauradores que hicieron una labor de restauración magnífica.

    Para dar conocimiento público de dicha labor y (supongo que para ayudar a sufragar los gastos) editó un bonito catálogo dónde se podía  ver  paso a paso todo el proceso de restauración que se había seguido. Los devotos veían así por  primera vez la imagen tal como era en la talla, sin que la taparan los abundantes ropajes que la devoción le había puesto encima y que solo dejan verle, cara y  manos. Para muchos, el asunto levantó ampollas, fue algo  que al parecer se les antojaba como una profanación. Desconozco lo que pasó con el párroco cuya iniciativa fue muy criticada por mucha gente. (creo que muchos otros verían  el asunto de forma distinta).

    Cuando nacemos nos arropan con lo necesario para nuestra supervivencia. Luego a medida que crecemos nos van  envolviendo con los ropajes de nuestra familia, cultura, sociedad, y muchas otras enseñanzas.

    Estos ropajes, suelen ser valiosos regalos  de conocimientos, experiencias, descubrimientos, que la humanidad ha ido acumulando, durante milenios a su paso  por la vida.  A nosotros nos ayudan a vivir y desenvolvernos lo mejor posible en el mundo. Pero también hay otros que son innecesarios, convertidos en cargas que nos oprimen de forma absurda, y nos quitan  libertad.

    Suele ocurrir a menudo, que no distinguimos lo uno de lo otro. No nos enseñan a ver la diferencia.


    Darle tiempo, al tiempo

    11 desembre 2009

    Pasábamos unos días de vacaciones en un tranquilo lugar de montaña. Después de comer bajamos a la piscina.

    Un clima de alegría reinaba en el lugar, la gente nadaba, charlaba sobre el césped, o leía tranquilamente bajo un árbol, mientras los chiquillos lo pasaban fenomenal. Todo se veía  radiante bajo la luz del sol de aquel precioso día.2009-12 (dic)colach

    Sonó un golpe tremendo; todos corrimos hacia el lugar desde donde había llegado el ruido. Un coche, había saltado sobre la valla  de la carretera, en un tramo elevado de la misma, que pasaba junto al lugar y había caído en una zona de jardín,  no muy lejos de dónde nos encontrábamos. Estaba con las ruedas para arriba. Uno de sus pasajeros había salido despedido, y se encontraba  sobre el suelo, muerto. El personal del hotel, sacó por la puerta del maletero, dos niños con vida,  aunque  heridos. Dentro  quedaban los dos pasajeros de los asientos delanteros que no daban muestras de vida. El coche aplastado, no permitía abrir las puertas.

    Poco después todo el mundo se fue, sólo quedamos tres  personas, una era el  el jardinero. Nadie nos pidió que nos quedáramos acompañando a los muertos,  pero lo hicimos. Los servicios de auxilio habían sido llamados pero como el lugar está bastante alejado de cualquier núcleo importante de población y, las carreteras de por allí no permiten correr, tardaron horas en llegar, o a mi  así me lo pareció, (se por experiencia que en en este tipo situaciones, la percepción del tiempo se altera)  la espera se me hizo casi interminable. Experimenté un gran dolor y  tristeza,  sentía como si  una piedra grande se hubiese  encajado en mi estómago. No pude quitar de mi mente los gritos de los niños y el pensamiento del dolor que aquello causaría a la familia de los muertos.

    En varias ocasiones, intenté rezar pero no pude y  llorar  tampoco. El encanto del lugar había desaparecido. Había  perdido la mayor parte de su belleza y su luz. Mis ojos ya no veían las cosas igual, una  ”pátina gris”  lo había cubierto todo.

    Cuando por fin llegaron la ambulancia y el juez,  nos retiramos en silencio. Recogimos nuestras cosas y a la mañana siguiente, muy temprano nos volvimos para casa. Ya no teníamos ganas de estar allí.

    Durante días, no pude sacudirme la tristeza y la sensación de mi estómago aún tardó más  en marcharse.

    Algunas veces no nos queda más remedio que sufrir y no hay nada que podamos hacer para evitarlo porque hay cosas que no podemos cambiar. Sólo podemos aguantar con paciencia a que el tiempo haga su trabajo y restaure de nuevo nuestro ánimo dañado.


    Mirar o, ver

    2 novembre 2009

    ver o mirarTiempo atrás, viajaba  yo a Barcelona bastante a menudo.  Muchas veces lo hacía en tren pero otras veces tenía que hacerlo en el autobús por que el lugar al que iba no tenia una estación cercana.

    Cogía  el autobús en una parada situada en un parque  del  pueblo  dónde vivo.  La parada se encuentra en una esquina del parque y en el lugar confluyen dos hermosas avenidas. En el centro de ambas hay una rotonda, grande, que casi siempre está llena de plantas y flores de temporada.

    Las dos calles, están arboladas y tienen anchas aceras con bancos.

    En el centro de una de las dos, hay una mediana  que también suele estar llena de flores.

    Yo esperaba,  sentada en un banco,  como  tantas otras personas, y me llevaba algo para leer.

    En bastantes ocasiones el autobús tardaba mucho, por las caravanas que se hacen a ciertas horas en la salida y en la entrada de la gran ciudad. Entonces observaba el desespero de la gente y los nervios  por las largas esperas.

    Aunque yo solía ir  sin prisas, tampoco me era agradable esperar tanto,  y lo mismo  que a la otra gente, me fastidiaban estos retrasos.

    Pero un día caí en la cuenta de que mi espera podía convertirse el algo distinto, y en lugar de dejar volar mi pensamiento intentando adivinar cuanto tardaría en llegar el autobús, y por donde vendría en ese momento, mientras miraba una y otra vez el reloj;  caí en la  cuenta de que debía traer mi pensamiento al momento presente.

    Empece a centrarme más en la lectura y a disfrutar más del privilegio de poder leer.

    Cada vez que  levantaba la vista del  libro, veía todo cuanto  había a mi alrededor. Hasta  entonces sólo lo había mirado.

    Empecé a ver con detalle las flores, la gente los gorriones, que correteaban y buscaban  algo de comida.  Empecé a “ver”  sin dejar que mi pensamiento volara ocioso y sin control a cualquier lugar impidiéndome vivir el presente.

    Me di entonces cuenta de la suerte que tenía de poder disfrutar de esos minutos  libres de obligaciones.

    Mi espera se convirtió a partir de ese momento   en algo agradable.  En un tiempo para leer  disfrutar de las cosas bonitas de mi  entorno.

    Noté  que estas migajas de control me permitían vivir más la vida.  Hacer este ejercicio de voluntad, resultó ser una experiencia gratificante.

    Desde ese día cuando me toca esperar en un atasco, si voy en mi coche, aprovecho para escuchar la música que me gusta, o busco una emisora dónde den algo de mi agrado, o aprovecho para hacer momentos de relajación.  Estos espacios de tiempo se han convertido en  un regalo.

    Estos momentos,  que consideraba tiempo perdido,  me resultan  ahora  muy provechosos  y benéficos para la salud.


    El don de Don Genaro

    21 setembre 2009

    fonendoDon Genaro era el médico de cabecera de mi madre.

    Sin ser mi médico y de tapadillo, usando la cartilla de mi madre, me salvó la vida en dos ocasiones. De no haber sido por su intervención, mi médico,  probablemente me habría mandado al cementerio con un diagnóstico errado.

    Tenía Don Genaro, además de la consulta de la seguridad social, la suya propia. En la pared de su despacho estaba colgado su título de médico.

    Pero además tenía otros títulos, como el de hombre bueno, sabio y buen médico, que no estaban escritos en ningún lugar  pero se los había otorgado el pueblo.

    Usaba dos tarifas: una para la gente pudiente y otra, no escrita, que él aplicaba a los trabajadores cuyos sueldos en esa época eran bastante bajos y no  les permitía acudir a médicos particulares.

    Yo confiaba en él. Cuando las cosas se ponían  mal para mi y mi madre comentaba con mi padre, que había que llevarme a la consulta de  Don Genaro, sólo con escucharlo, yo empezaba a mejorar de mis dolencias.

    Mi mente de niña no podía comprender aquel misterio. Pensaba que tal vez Don  Genaro poseyera algún don sobrenatural.

    Pero su don era el de ser amable, cercano, Familiar. Infundía seguridad. Sólo  siendo ya muy adulta comprendí el misterio.

    Mi organismo se ponía a trabajar en positivo cuando yo sabía que él se ocuparía de mi.

    Hoy como ayer, los médicos, a veces, casi no tienen tiempo de escucharnos ni de infundirnos confianza. A penas tienen tiempo de recetarnos.  A veces  los cambian  a menudo, todo  lo cual a ctúa en perjuicio de nuestra salud   y del dinero público, pues tardamos más en curarnos y usamos más medicamentos para mal de todos, excepto para las grandes compañías farmaceúticas.


    El respeto y algo más

    3 juliol 2009

    Hace algún tiempo que se puso al descubierto el genoma humano.p1010784

    Este descubrimiento ha sido esclarecedor a la vez  que  abre puertas a nuevos estudios. De cara  al tratamiento de muchas enfermedades que aquejan a la humanidad, ha dado nuevas esperanzas y ha abierto nuevos caminos.

    También ha servido para dar carpetazo a la terrible idea  de que había razas superiores e inferiores.

    Hoy sabemos que todos pertenecemos a la misma familia humana. Esto es  un hecho  demostrado de forna científica, aunque aún hay colectivos que prefieren mantenerse en la ignorancia (por suerte son pocos).

    Me contó una amiga, a la que hacía tiempo que no veía, que el vecino que tenía al lado había  alquilado  su piso,  y se había ido a vivir  a otro lugar.

    Lo había alquilado a un señor, chino, el cual, a su vez lo tenía alquilado por horas y turnos de día y de noche, a un número grande de personas.

    La escalera y el piso sufrían un continuo trasiego de gente que entraba y salía, de día y de noche. Las puertas sonaban, así como la cisterna y el cuarto debaño, que no tenía descanso. Tambiém causaban deteriro y suciedad en las zonas comunes del edificio.

    De p1010709nada les había servido quejarse, pues tras unos días con algo más  decalma , tras la queja, todo volvía a ser igual. En resumen: con  los nervios destrozados de no dormir, y apunto de caer efermos,  tuviero  que dejar su piso de propiedad,  e irse a vivir de alquiler a otro sitio.

    Entre triste e indignada, me confesó que ella que nunca había sido racista, ahora creía que sí lo era.

    Pero la realidad es que ser racista no tiene ningún sentido. Todos somos personas iguales, aunque tengamos diferente color o procedencia. Lo que puede poner diferencias entre nos0tros, para bien o para mal, son las diferentes culturas y religiones. Para mal, cuando no respetan los derechos de otros. Y sobre todo, el egoísmo humano, cuando con tal de llenarse los bolsillos es capaz de lo que sea, aunque esté en juego la salud, la dignidad, e incluso la vida de otras personas.


    La pureza de los manantiales

    16 juny 2009

    lago-del-parque-de-europa1Tenía yo entre dieciocho y diecinueve años cuando empezaron a comprarse coche las familias trabajadoras que nunca lo habían tenido. Los de mayores posibilidades se compraban un “600″ nuevo, pero mucha gente se compraba un coche usado que podía ser de tercera o cuarta mano.

    Algunos de los amigos de mi pandilla consiguieron uno, aunque la mayoría de las veces, eran una auténtica chatarra. Tener coche, o unos amigos que lo tuvieran, era un auténtico deleite, pues permitía salir a la montaña, a la playa, hacer pequeñas excursiones, etcétera.

    No muy lejos de mi casa, dónde yo entonces vivía, había un lugar, en la montaña, al que mucha gente iba a pasar el domingo y se hacía su paella.

    En este lugar había un hermoso manantial de agua que brotaba de una parte de la ladera de la colina. Tenía como un metro y medio de anchura, aproximadamente. El manantial brotaba mansamente, en una parte un tanto llana. Discurría por ella como un pequeño río y luego se perdía montaña abajo, no se hacia dónde. parc-de-europa

    Bebíamos de aquel agua fresca al tiempo que la gente la usaba para hacer la comida.

    Pero empezó a subir cada vez más gente y cuando acababan de comer, fregaban los platos en la misma salida del manantial y dejaban los restos de las comidas entre las piedras. El agua, que corría sin pendiente, no arrastraba aquella suciedad.

    Después aprovechaban para fregar el coche, cambiar el aceite y vaciar el cenicero. Aún que todo el mundo no se comportaba igual, había bastante gente que hacía estas cosas.

    Pronto el lugar se llenó de colillas, trapos sucios y alfombrillas de coche viejas.

    Llegó a dar asco beber, aún en la misma salida del manantial.

    Dejé de frecuentar aquel lugar porque nos fuimos a vivir a otro sitio. Años después, cuando volví, el manantial había sido tapiado y ya nadie disfruta de él.

    Si nos paramos un poco a observar la historia de la humanidad, veremos que, al parecer, no es fácil distinguir el fino hilo que separa el uso del abuso. Del mismo modo, vemos como ideas, doctrinas religiosas y políticas, que muchas veces brotan como manantiales, dispuestos para servir, con el paso del tiempo no se parecen en casi nada a lo que fueron, ni sirven al propósito para el cual surgieron.

    Se han convertido, también, en manantiales que ya no son útiles.


    El mendigo de la estación

    21 maig 2009

    primavera en el bosqueDurante un cierto tiempo de mi vida, tuve que viajar dos veces por semana a cierta zona de Barcelona y, dado que vivo fuera de la gran ciudad, en una ciudad pequeña de la periferia, me desplazaba cómodamente en tren hasta una importante estación de de la capital.

    En los jardines que rodean la estación me llamó la atención, desde el primer día, un mendigo. Sin duda, no era el tipo de mendigo al que estamos acostumbrados. Era evidente que se trataba de un mendigo porque el hombre tenía por casa una caja de cartón de un frigorífico.

    La había colocado en la mejor parte del jardín. Seguramente, utilizaba, a todos los efectos, los servicios de dicha estación, pues se le veía muy aseado.
    También debía utilizar los servicios de alguna biblioteca cercana, pues a menudo le veía leer un libro. Totalmente ausente del mundo que le rodeaba.
    Mientras la gente corría y se afanaba en torno a la estación, a él se le veía totalmente relajado y con aspecto feliz.

    Algún día, cuando la lluvia hacía su aparición, él se refugiaba bajo una gran marquesina que daba cobijo a las paradas de autobuses que llegan de varias partes de la ciudad.

    Desconozco las circunstancias que habían llevado a este hombre a vivir así y no consideré que fuese oportuno preguntar nada.

    Llegué a la conclusión de que ese hombre había buscado la mejor parte de cuanto estaba ocurriendo en este momento de su vida, y procuré tomar nota.