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    Las apariencias engañan

    10 juliol 2009

    imatge-mari2Os voy a explicar una historia real.

    Yo era muy delgada. Pesaba 52 kilos y mi talla de pantalón estaba entre la 36 y 38.

    Mi estilo de vestir era casual, y me ponía vaqueros, jerséis ceñidos y cortos, chalecos y botas camperas. Siempre utilizaba maquillaje, llevando los ojos con sombra y los labios pintados de marrón clarito.

    Pensaréis, ¿a qué viene esto? Es fácil de responder y a la vez complicado. En aquella época que estaba delgada, juzgaba y miraba a la gente que estaba rellenita. Pensaba, ¿cómo podían dejarse tanto? ¡Con lo bonito que era estar delgada y poder ponerte todo lo que una quisiera! Sin tener que estar bajo prejuicios. A pesar de todo ello, yo no sabía que tenía una enfermedad llamada ansiedad. Hasta hace poco no supe que era crónica y que tengo un 52% de la misma.

    Cuando estaba delgada podía comer mucho y no engordar. La ansiedad me venía por otras cosas. En mi caso, fue debido a mi madre, aunque nunca supe lo que era tener una. Ella sólo quería a sus hijos según lo que ganaran. Como supondréis, yo era de las que menos cobraban de los siete hermanos. Un día le dió por cerrarme la puerta de casa para que estuviera sin comer. Esta situación duró dos semanas. Hasta que un buen día me echó a la calle sin ningún motivo.

    ¿ESO ES SER MADRE? Ahora entenderéis el motivo de la explicación. La razón que dejara de estar delgada y pasara a estar rellenita. Me he dado cuenta que la palabra gorda duele y mucho. A los tres meses conocí a un chico que tenía 23 años. Estuvimos un mes como amigos y luego comenzamos a salir. No lo hice para salir de mi problema, sino porque aquella persona era guapa por dentro y por fuera me llamó la atención que tuviera los ojos grandes y verdes. A los tres meses de novios compramos un piso. A los seis meses nos fuimos a vivir juntos. Fue un 28 de diciembre de 1997. Y en agosto de 1997 nos casamos en el Ayuntamiento de Sabadell. Al principio la convivencia no fue fácil ya que él estaba acostumbrado a tener de todo y yo nada. No podía salir de fiesta ni tener dinero en los bolsillos. Lo poco que entraba se iba en gastos. En 1998 empezó mí calvario con el sobrepeso. Comía sin control seis donuts o cinco bollicaos en tres minutos.

    En marzo de ese año me comunicaron que me había quedado en estado. A partir de entonces sentí mucho miedo por mi hijo. Ya no era sólo la preocupación por mantenerlo, sino que tenía pánico y escalofríos de no ser una madre buena y llegar a hacerle el mismo daño que me hicieron a mi.

    Llegué a tener muchas pesadillas y pedí que, si pudiera ser como la mujer que me tuvo, no tuviera a ese hijo. A medida que pasaba el tiempo, aquel feto crecía dentro de mí aunque cada vez tenia más ansiedad y comía más porquerías. Hubo un punto en el que supe que aquello era lo más grande que a una mujer le podía pasar. Y por eso debía luchar. Se dice que cuando una persona ha sufrido de pequeña si tiene hijos será mal padre o mala madre.Yo creo que eso es falso. He aprendido que el AMOR DE MADRE llega agarrarse tan fuerte en el corazón, por lo que no puedo explicar como una madre puede hacer tanto daño a un hijo. Han pasado 10 años y ese amor de madre que tengo cada vez es más fuerte.

    A veces pienso que ese amor de madre me desgarra por dentro de tanto que llego a amar a mi hijo. Nunca me arrepentiré de haberlo traído al mundo. Aún hoy (cuando estoy rellenita, peso 83 kilos y tengo que tomar un montón de medicamentos) guardo rencor al personaje que me tuvo. Pensaréis que debería olvidar pero no se puede cuando ya soy madre y noto el amor que nos profesamos mutuamente mi niño y yo. No hay día que no nos digamos lo que nos queremos, que no nos demos besos muy grandes y que no mostremos la gran complicidad para lo bueno y lo malo. Su padre, a pesar de ser un padrazo, siente un poco de celos sanos de que el niño le dé cariño pero no la complicidad que me muestra a mi.

    A causa de todo lo que pasé en mi juventud voy a la psicóloga y a la psiquiatra. También sé que continuaré estando rellena y que no volveré a ser como antes. Pero ese es el precio de no haber vivido ese amor de madre de una persona que nunca te ha dado un beso, abrazos, ni te ha dicho lo mucho que te quiere o que tampoco has podido contar con ella para nada. Mi padre no sabía nada de esta situación porque tenía suficiente con la responsabilidad de trabajar para sacar a sus hijos adelante. En cambio, ella sólo gastaba para la gente.

    MORALEJA DE ESTA HISTORIA REAL:

    No juzguemos a las personas por cómo son o cómo están. Porque detrás puede haber un drama. Por suerte o por desgracia he tenido que aprender la lección.


    La Torre d’en Gorgs: antes y después

    1 juliol 2009

    Barbera del Valles 26 de juny del 2009.

    Mi nombre es Jaume Griful Diviu. Nací en Barberà  un 29 de  Abril de 1933 y, desde entonces, ya ha llovido un poco. Mi deseo es  hacer un breve resumen

    de  lo que era la Torre d’en Gorgs  y lo que es ahora es. Es  totalmente diferente.

    En mi juventud dicha torre estaba rodeada de campos de cultivo, bosques y sobretodo viñas. Muchos vecinos del pueblo de Barberà cultivaban los campos y las viñas. Uno de ellos era mi padre. Cuando yo empecé a trabajar también  ayudaba a mi padre en las tareas del campo y de la viña. Cuando llegaba la vendimia, como estos terrenos  eran propiedad de la familia Moragas, el arrendamiento de las viñas se pagaba con uvas  Cada uno tenía que aportar la cantidad de uva que le correspondía según la extensión de viña que cultivaba y también de la cosecha, si era mejor o peor.

    Por aquel entonces, la entrada principal a la Torre d’en Gorgs era por la puerta grandede hierro forjado que ahora permanece cerrada.  Por allí se entraba con los carros cargados de uvas donde se elaboraba el vino. Y ahora yo mismo, al cabo de muchos años, entro a la Torre d’en Gorgs por una puerta muy diferente situada en la parte posterior, pero sin el carro de las uvas, sino que estoy junto con otros  compañeros  realizando un curso de  informática y, la verdad, es que nos esta costando un poco. Pero yo creo que con la ayuda de los profesores que tenemos saldremos  adelante. Y aprovecho para darles las gracias porque para enseñar a unos chavales como nosotros hay que tener mucha paciencia y ellos la tienen (moltes gràcies) y hasta siempre…


    Mi biografía (por Maria Madrigal)

    29 octubre 2008

    Hola, soy  Mª del Carmen. Algunos amigos del blog ya me conocen, y otros no. Tengo 61 años y soy jubilada. Voy  a contarles un poco mi vida, por si puedo ayudar a algunas personas que estén jubiladas y se encuentren aburridas: os voy a contar lo que ha sido mi vida y es ahora. Eramos una familia de 5 hermanos y mis padres, que por desgracia ya no está. Viviamos  en Tebá provincia de  Malaga, como allí no teniamos medios de vida mis padres decidieron venirse a Cataluña, concretamente a Sabadell ya por los años 59 o 60, como eramos todos pequeños y no teniamos nada, sólo una casa y pequeña Mis padres tuvieron que poner a  trabajar a los mayores, mi hermano mayor tenía 12 años y yo 9, los mellizos que tenían 7 años y el pequeño 5 años, pues uno de los mellizos tenía que hacer la comida, y el otro cuidar del pequeño y mis padres trabajaban todo el día para ganar poco. Pero era lo que había, a mi me puso mi madre a coser piezas y así estuve hasta que  cumplí los 11 años. Como no ganaba mucho, me salió de pasadora y me fui a otro sitio que ganaba más. Allí estuve hasta los 14 años que me fui a una fábrica del téxtil, en la cual estuve hasta que me casé y tuve mi primer hijo. Pero a los dos meses de tener a mi hijo me quede embarazada de gemelas, así que cuando tuve a mis hijas tuve que dejar de trabajar y cogí dos años de paro. Pero como nome llegaba el dinero, aunque mi marido trabajaba y mucho en el téxtil ganaba  poco, así que tuve que buscarme trabajo , y  con tres niños pequeños me puse a trabajar en una empresa de limpieza, y tuve que combinar mi  trabajo con mis hijos, y mi casa que tenía mucho trabajo, pero yo me organizaba bien y aparte les hacía la ropa a mis hijos, y también hacía un poco lo que a mí me gustaba, como ir a colegio de adultos que apenas sabía ni escribir. También me saqué el carnet de conducir y aprendí a nadar. La conclusión es que con ganas de vivir llegas a todo. A los 59 años y como mi madre estaba bastante mal, me puse de acuerdo con la empresa y me indemnizaron y deje de trabajar, pero con tan mala suerte que a los dos meses mi madre se murió y me quede muy triste y aburrida, a si que me busqué otro trabajo, en una panadería que se trabajaba mucho. Cuando hice los tres años decidir dejar ya de trabajar, hablé con la empresa y me dieron un año de paro y a los 60 me jubilé. Ahora si que hago todo aquello que no he podido hacer antes, como volver a ir a la escuela de adultos, cuidar de mis nietas cuando me lo piden mis hijos, hacer gimnasia, nadar, cuidar de mi casa, también voy a informática que estoy muy contenta pues me lo paso muy  bien con las compañeras y con el profe, que es un chico estupendo y con mucha paciencia, que  tiene para aguantarnos a todas. También voy a  las excursiones que puedo y ¡¡ los domingos voy a bailar. !! Asi que como veis no paro, y espero tener salud para seguir haciendo todo aquello que me guste. Sin más me despido de todos con un fuerte abrazo, de Mª del Carmen Madrigal.