Arquitecto de Ilusiones
7 abril 2012
Había una vez, un grupo de niños que conoció a un ser humano muy distinto a todos aquellos que habían conocido hasta entonces. Aquel ser humano se llamaba Vince, Vince había crecido y se había educado desde bien pequeño creyendo fervientemente, que la puerta de los sueños, se encuentra en el interior de los libros. Ya que ellos con su sabiduría nos enseñan y amplian horizontes, con los conocimientos adquiridos en cada uno de ellos.
Laya, Pedro, Miguel, Rosa, Ramona, María, Juan y Jaime, estaban embelesados con lo que llegaba a explicarles esa alma del Universo. Ya que delante de sus miradas, se les habría todo un cosmos muy singular, apreciaciones que los hacían ir más allá de la imaginación de un simple momento de vida.
Según Vince, las noches con estrellas, envueltas en un mar azul marino profundo, eran el reflejo de la ilusión del ser humano, ya que en cada estrella de aquel infinito, había el deseo y la alegría de una idea avanzada.
Los niños se sumergían por completo, hasta en la sensibilidad que se posee en la infancia. Podían ver realizadas todas las cosas, que aquel ser adulto les explicaba. Por eso después de decirles su punto de vista, les pidió que dibujaran cada uno lo que les gustara para meter dentro de su estrella.
Laya, dibujo la paloma de la paz. Pedro un corazón bien grande, para amar al ser humano.Miguel, los colores del infinito en una noche de auroras boreales. Rosa, un jardín con las más diversas flores, radiantes por su belleza. Ramona, el coraje de luchar por la vida. María, la nobleza de los buenos sentimientos. Juan, el cariño sincero hacia los demás. Jaime, la felicidad de poder compartir en armonía, buenos momentos de nuestra vida.
Cuando estuvieron listos, Vince, les dijo, ahora juntaremos todos los dibujos, así tendremos los buenos deseos que podemos ver resplandecer en la noche. Porque la esperanza y la fe, es todo lo que nos hace creer que todo será posible en nuestro mundo.
Porque construimos en positivo, construimos buenos presagios para todos, porque aquello que hace que soñemos con un mundo mejor, es lo que mueve la maquinaria, que hace que miremos y avancemos de ahora en adelante.
Vince, no era un maestro, era más que eso, era un guía espiritual, un arquitecto de ilusiones, porque creer, es hacer realidad todo aquello que nos proponemos en la vida. Querer alguna cosa, es poder. Hacer participar a todos, es compartir, en la hermandad de nuestros días, tan grandes como pequeños, en la humildad, en la sonrisa de hacer las cosas por el bienestar de los otros.
Celeste Sentidos
Dedicado a los niños y a los maestros que hacen posible, que nuestra mirada vaya más allá en el camino del aprendizaje. Porque la sonrisa de los más pequeños, hace que nuestra vida luzca desde la ternura de los mejores momentos de vida.
Que tengáis un buen día del libro y la rosa.
Que tingueu un bon dia del llibre i la rosa.
(23/04/2012) Diada de St. Jordi


